Innovación abierta, Mentalidad abierta

Todos tenemos a nuestro alcance aprender a utilizar nuestra capacidad de fluir con el entorno, usando la percepción, el pensamiento y la conducta más convenientes en cada momento.

 

Aprender a vivir fluyendo es el máximum del aprendizaje

 

Nuestra capacidad de fluir a menudo topa con hábitos arraigados y monotemáticos de percepción, pensamiento y conducta.

Cambiar, o saber salir a conveniencia y a voluntad, de un hábito de conducta o de pensamiento requiere ante todo tomar conciencia de él.

 

Los hábitos son como surcos…

Surcos que nos mantienen fijados en un pequeño reducto de percepciones, pensamientos y conductas similares.

Surcos que nos alejan tanto de la sensación de bienestar como de la eficiencia.

 

Nuestra cultura occidental suele estar des-sincronizada, -y este es un término que yo uso en mi libro ¡Sincroniza tu Vida!-, hacia el hemisferio izquierdo.

En términos de las siete actitudes cerebrales contabilizadas por Shelley Carson en su libro “Tu cerebro creativo”,  esta des-sincronización significa que solemos movernos dentro de las actitudes de razonamiento y evaluación y en el pensamiento deliberado mucho más que dentro de las actitudes cerebrales que, siguiendo a los autores de “El ADN innovador” voy a denominar de descubrimiento, y que dan lugar al pensamiento espontáneo.

 

El uso de estas actitudes cerebrales de descubrimiento nos permite visualizar nuestro futuro, algo determinante tanto para llevar a puerto una buena vida como una buena empresa. Y nos permite flexibilidad perceptiva y capacidad de ver los cambios, algo necesario para sobrevivir en un entorno en cambio constante como lo fue la selva para nuestros antepasados y como lo es ahora este mundo global para nosotros.

 

Tan necesarias son estas actitudes cerebrales de descubrimiento , que cada vez que las utilizamos somos recompensados con una descarga de dopamina, serotonina y adrenalina que nos genera una leve euforia y una gran sensación de bienestar lo que aumenta las probabilidades de que repitamos la conducta que nos ha llevado al uso de las mismas.

 

Obviamente también necesitamos las habilidades de ejecución, a saber, razonamiento y evaluación, pero…

está claro que cuando no utilizamos las habilidades de descubrimiento, nos estamos perdiendo oportunidades de estar mejor y de ser más eficientes, tanto a nivel personal como organizacional.

Porque cuando solamente usamos las habilidades de ejecución pasamos a vivir y gestionar analizando una y otra vez los mismos datos desconectados de la realidad, y el resultado es que, desconectados de la realidad, perdemos nuestra fe en nuestra capacidad de transformarla.

 

No podemos innovar si no amamos la complejidad

No podemos innovar si no sintonizamos y empatizamos

Y todo esto deviene natural y fácil cuando usamos las actitudes cerebrales de descubrimiento

 

Usar las actitudes cerebrales y las habilidades de descubrimiento…

nos pone en la senda de  tolerar la incertidumbre, amar la complejidad, buscar el mejor resultado para todos, cohesionarnos y ayudarnos, e innovar.

Porque usar las actitudes cerebrales y las habilidades de descubrimiento aumenta nuestra autoestima y mejora la autopercepción de nuestra eficacia. Nos quita el miedo a la incertidumbre al mismo tiempo que aumenta nuestro gusto por la complejidad. Aumenta la cantidad de ideas y de buenas ideas mientras aumenta nuestra energía mental. Y nos hace más empáticos, más sociables y más solidarios.

 

Así es como somos capaces de pasar de la competición a la colaboración, innovación abierta

y así es como somos capaces de pasar 

de una percepción de escasez -“océanos rojos”-

a una percepción de abundancia -“océanos azules”-

 

Y ahora quiero introducir el trabajo con Técnicas de Improvisación.

Porque pone en juego las actitudes cerebrales de descubrimiento con todos los beneficios personales y sociales que acabamos de comentar.

Porque consigue “insights” y cambios indelebles gracias a la creación de situaciones inesperadas.

Porque dispara la dopamina, crece la confianza y el grupo se cohesiona dando lugar a una mente de grupo tan ágil como creativa.

Y porque se aprende a vivir fluyendo, lo cual es el  máximum del aprendizaje.