La neurociencia del liderazgo inspirador

La incorporación de los conocimientos aportados por la neurociencia cognitiva y afectiva al liderazgo, referida como neuroliderazgo, proporciona el soporte “duro” a las habilidades de liderazgo típicamente “blandas”, dando una perspectiva objetiva para aquellos directivos más pragmáticos y necesitados del dato tangible.

La empatía, el autoconocimiento, el rechazo social, la toma de decisiones, la solución de problemas o la regulación emocional son habilidades y comportamientos que ahora podemos observar con imágenes de actividad cerebral en vivo.

Cuando un directivo conoce el sustrato fisiológico de habilidades como la toma de decisiones, la empatía y la confianza, por ejemplo, es mucho más factible que éste las desarrolle y las aplique en su día a día facilitándole el llegar a ser un líder inspirador, o sea, un directivo que además de saber dirigir y gestionar los procesos presentes y tangibles, va por delante, crea y comunica visiones, y motiva e inspira a su equipo consiguiendo cotas “extra-ordinarias” desempeño y productividad.

 

Damasio, neurocientífico portugués que cito en mi libro ¡Sincroniza tu Vida!, dedica su libro “El error de Descartes” a hacernos notar que si, citando a Descartes, existimos porque pensamos, en última instancia existimos porque sentimos emociones. Eso es lo que ha descubierto la neurociencia, que emoción y cognición no son procesos independientes sino que están íntimamente relacionados, y que los procesos emocionales son fundamentales para la toma de decisiones en cualquier aspecto de la vida cotidiana

Ya decía Pitcher, sin ser neurocientífico pero apoyándose en datos empíricos, que “las emociones pueden llevarnos a cometer injusticias pero que su ausencia nos lleva a peores juicios”.

 

Integrar emoción y razón y, en sentido más amplio, integrar los dos hemisferios cerebrales, -que yo “bautizo” como sincronización en mi libro-, es imprescindible para mejorar la salud del cerebro y agilizar y flexibilizar la mente. Una mente ágil y flexible nos permite ver la realidad en términos de oportunidades y responder creativamente.

Además, la integración cerebral posibilita la activación y el funcionamiento óptimo de nueve funciones de la región prefrontal medial del cerebro que incluyen regular el cuerpo, sintonizar con los demás, equilibrar las emociones, aplacar el miedo, pensar antes de actuar, practicar el autoconocimiento, actuar con empatía, acceder a la intuición, actuar con ética y moralidad.

 

Podemos contribuir a la integración cerebral practicando la atención plena y desarrollando la inteligencia emocional.

Y también podemos contribuir a ella practicando la bondad, la compasión y la gratitud: la neurociencia ha descubierto que la compasión es al cerebro lo que la respiración es a la vida.

 

Existe una confusión en cuanto al significado de compasión, de ser compasivo con alguien, de mostrar compasión. Compasión etimológicamente significa “sentir con otro”, por tanto estamos hablando de compartir pasiones y, en definitiva, de compartir la esencia humana.

Se trata de una conquista moral puesto que solamente conseguimos actuar con compasión cuando vamos más allá de las filias de nuestro ahora y aquí personal, y entroncamos con una voluntad de reconocer en lo que no amamos del otro, eso que también nosotros somos y podemos ser o darnos cuenta que somos, tan sólo y tan mucho, por el hecho de ser humanos.

Con la conquista moral de la compasión, un superior puede amonestar a un subordinado, claro, y la conquista está en hacerlo actuando con compasión.

Cuando uno amonesta desde la compasión, la diferencia está en desde dónde uno lo hace –desde una actitud prepotente y de poder o desde una actitud de interés real por el crecimiento de la persona amonestada- y en cómo lo hace –en público y con falta de respeto, o en privado y con respeto a la dignidad de la persona-.

 

Daniel Barenboim, entrevistado hoy jueves 15 de enero de 2015 en “la Vanguardia” por Pedro Vallín , creador de la West-Eastern Divan Orchestra que integra a músicos musulmanes y judíos lo que le valió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2002, subraya la diferencia entre filia o simpatía y compasión.

Dice Barenboim: “No podemos esperar que exista simpatía entre palestinos y judíos, pero sí podemos aspirar a la compasión que es una conquista moral, no emocional”

Sí, trabajando para la integración de los dos hemisferios cerebrales, es como podemos llegar a activar y poner en funcionamiento óptimo las nueve funciones de la región prefrontal medial del cerebro que incluyen el actuar con ética y moralidad.