Toma de decisiones en entornos complejos

La Toma de decisiones es un proceso complejo que involucra lo cognitivo, lo social y lo emocional.

Durante mucho tiempo hemos pensado que tomar buenas decisiones implicaba superar la complejidad citada deshaciéndola, o sea, eliminando los factores sociales y emocionales.

Pero no. No podemos eliminar los factores emocionales porque las emociones, como ha demostrado recientemente la neurociencia, forman parte de la cognición. Hoy sabemos que las personas racionales, equiparando racionalidad a conciencia superior humana, no son las que no experimentan emociones sino aquellas que las saben regular mejor. Por eso hablamos de inteligencia emocional.

 

Volviendo al principio, el modo en que pensamos está influenciado por cómo sentimos, por los grupos de los que formamos parte y por la cultura en la que hemos aprendido a sentir y a pensar. Estamos sesgados en todos estos ámbitos.

 

Hoy sabemos que la cognición es más que racionalidad: incluye la percepción, la intuición y la acción. 

Nuestra racionalidad, ese concepto que hemos igualado erróneamente a la lógica, es limitada. Por fortuna. Porque el hecho de que lo sea es lo que nos permite tomar decisiones éticas y sostenibles.

 

La buena toma de decisiones depende de que:

  • Redefinamos el concepto de racionalidad y actuemos en consecuencia
  • Tomemos conciencia de los sesgos cognitivos, emocionales y sociales a los que estamos expuestos en cada decisión
  • Incorporemos a nuestros instrumentos de decisión la percepción, la intuición y la acción

Porque las buenas decisiones tienen en cuenta el contexto. Y el contexto, cuando se trata de decisiones personales y organizacionales, es complejo y suele ser rápidamente cambiante.

 

La incorporación del tercer punto es ahora más necesaria que nunca.

Porque nuestros entornos relacionales y empresariales son entornos complejos en los que la velocidad de cambio se incrementa día a día, y los estudios demuestran que en entornos así, la lógica sirve de muy poco. Mientras que lo que sí sirve es la reflexión llevada a cabo después de una buena sintonización sensorial con el medio (incluidos los demás), después de un buen insight intuitivo o después de una acción dentro de una aproximación de prueba en error llevada a cabo mediante la reflexión en acción.

Com decíamos, los estudios nos enseñan que las decisiones en entornos de cambio veloz donde no podemos deducir lógicamente el paso siguiente y en situaciones complejas en las que las causalidades son múltiples y suelen incluir el factor tiempo, deben llevarse a cabo con la cognición rápida y con el sistema experiencial, o lo que es lo mismo, usando, como decíamos más arriba, la intuición, la percepción o sintonización, y la acción.

 

Todos los autores coinciden en que podemos clasificar los problemas y las situaciones en tres tipos.

Cuando los clasificamos por contenido encontramos la triple clasificación de:

  • Problemas lógicos

Problema claro, datos confiables y contexto estructurado

  • Problemas ilógicos o perceptivos

Problemas cuya resolución requiere combinar muchos elementos en una solución creativa, cuando necesitemos el compromiso de otros o cuando el problema sea transversal

  • Problemas mal estructurados o de final abierto

Situaciones novedosas y confusas o cuando las especificaciones sean confusas y complicadas

 

Los autores de “Decision making: It’s not what you think”, Henry Mintzberg y Frances Westley, clasifican los problemas de acuerdo a los modos, tres, en que se pueden abordar los problemas: primero Pensar, primero Intuir o Percibir y primero Actuar. Estos tres modos de abordar los problemas se corresponden en el mismo orden con los problemas lógicos, perceptivos y de final abierto citados más arriba.

 

Las relaciones personales y las necesidades de innovación de nuestras empresas pertenecen a las categorías de problemas dos y tres, problemas que requieren percepción, intuición, y actuar primero. Siempre con reflexión: pero después.

 

¿Cuando como ahora, hay pocas reglas externas, sabemos cómo manejarnos?

¿Toleramos la libertad presente en la incertidumbre? 

¿Nos han enseñado a usar nuestro sistema experiencial o aparato perceptivo e intuitivo?

Creo que no.

Creo que igual como confundíamos cognición con razonamiento lógico, todavía confundimos actuar primero, percibir e intuir con falta de responsabilidad.

 

Y, en cambio, es totalmente al revés.

La verdadera falta de responsabilidad se encuentra en no querer conocer de qué estamos hechos y cómo, gracias a a saberlo y actuar en consecuencia, podemos mejorar a nivel personal, profesional, organizacional y social.

 

Objetivos generales de una formación de Toma de decisiones en entornos complejos:

Aprender a tomar decisiones basadas en la percepción y la intuición, algo absolutamente necesario en el siglo XXI, tanto a nivel personal y profesional, algo para lo que no nos han preparado ni instrumentalmente ni psicológicamente.

Y mientrastanto, darnos cuenta de que podemos optimizar y mejorar nuestras decisiones lógicas.

 

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Gracias.

Juna Albert.